
A nadie extrañará ya a estas alturas de la película que de vez en cuando salten a las portadas de los medios noticias como ésta. Lo único que me sí me extraña es que la noticia en cuestión haya sido publicada por El País, cuando es más propia de otros medios más del tipo Libertad Digital, que también aprovechan para barrer hacia su lado.
Resulta que una chica de 16 años de origen mauritano, pero nacida ya en España (por lo que parece), ha denunciado a sus padres por obligarla a casarse y a mantener relaciones sexuales con un primo mauritano de 40 años. Vamos, lo normal en una sociedad democrática del siglo XXI como la nuestra, vaya.
Según la familia de la joven, su hija se casó a los 14 años con un hombre 26 años mayor que ella por voluntad propia, y las relaciones sexuales fueron siempre consentidas. Y es que toda esta polémica parece responder a un complot de sus vecinos españoles para quedarse con la custodia de su hija y educarla lejos de la tradición musulmana.
Eso dice la familia de la joven violada, claro. Según ellos "en el trasfondo del asunto hay un malentendido cultural", ya que a los padres, que han sido detenidos, en ningún momento se les pasó por la cabeza que las costumbres mauritanas pudieran ser delito en España. Qué fallo, oiga. Veinte años en España, y no se han dado cuenta de que aquí no solemos amenazar con lapidar a nuestras hijas si no aceptan casarse y acostarse con su primo 30 años mayor que ellas.
Creo que el Gobierno debería repartir folletos en los que se detallase lo que se puede y no se puede hacer, de manera que evitemos estos desagradables malentendidos en otras ocasiones.
No sé, podemos informar de que está mal visto colgar a los homosexuales de gruas como escarmiento público. O que no solemos comprender la bella costumbre de algunas culturas de amputar los labios vaginales a las niñas para que de adultas no sientan placer sexual.
O tal vez que no está bien visto que los soldados musulmanes del Ejército Español se nieguen a combatir contra otros musulmanes. O que a algunos europeos, fascistas xenófobos por supuesto, les inquiete que cientos de pacíficos musulmanes se manifiesten y profieran amenazas contra el mismo sistema que les da de comer, les subvenciona y les da una sanidad gratuita, y contra la misma libertad de expresión y de culto que les permite a ellos abrir sus mezquitas en nuestras ciudades e incluso exigir que los viernes no pasen frente a ellas mujeres en vaqueros, sin que la policía haga una redada, encarcele o torture a quienes realizan estas declaraciones.
So pena de ser políticamente incorrecto, creo que deberíamos empezar a hablar de por qué muchos españoles perciben como una amenaza a los musulmanes militantes, o a aquellos que visten con chilaba y barba de 20 centímetros. Otros se la cogerán con papel de fumar y dirán que la sociedad española es racista y xenófoba, que no respeta las tradiciones foráneas y que deberíamos ser más relativistas: nuestra cultura no es mejor que la suya.
Bien, pues la razón principal de esta desconfianza hacia el musulmán que vive en España es la idea que parecen tener muchos musulmanes de que no son ellos los que deben adaptarse a nuestra cultura, sino nuestra cultura la que debe adaptarse a ellos. Como digo, a estas alturas de la película, después de una invasión musulmana, una reconquista, guerras de religión, monarquías absolutistas, revoluciones liberales, guerra civil, fusilamientos de curas y un franquismo de sotana, creo que hemos conseguido liberarnos del yugo y del control social y de las costumbres que ha ejercido durante siglos la Iglesia católica.
Como para que ahora, en nombre del multiculturalismo y el relativismo, y porque se supone que ser de izquierdas es dejar que te la metan doblada, nos bajemos los pantalones ante una religión y una cultura cuyas formas sociales y tradiciones son propias de la Edad Media, y que encima tiene entre sus fundamentos el extenderse por el mundo a cualquier precio. No me digan que no es para dormir con un ojo abierto, en lugar de querer aparentar que lo más moderno e izquierdista es hacer como que no pasa nada.
En fin, ésto es España.
Resulta que una chica de 16 años de origen mauritano, pero nacida ya en España (por lo que parece), ha denunciado a sus padres por obligarla a casarse y a mantener relaciones sexuales con un primo mauritano de 40 años. Vamos, lo normal en una sociedad democrática del siglo XXI como la nuestra, vaya.
Según la familia de la joven, su hija se casó a los 14 años con un hombre 26 años mayor que ella por voluntad propia, y las relaciones sexuales fueron siempre consentidas. Y es que toda esta polémica parece responder a un complot de sus vecinos españoles para quedarse con la custodia de su hija y educarla lejos de la tradición musulmana.
Eso dice la familia de la joven violada, claro. Según ellos "en el trasfondo del asunto hay un malentendido cultural", ya que a los padres, que han sido detenidos, en ningún momento se les pasó por la cabeza que las costumbres mauritanas pudieran ser delito en España. Qué fallo, oiga. Veinte años en España, y no se han dado cuenta de que aquí no solemos amenazar con lapidar a nuestras hijas si no aceptan casarse y acostarse con su primo 30 años mayor que ellas.
Creo que el Gobierno debería repartir folletos en los que se detallase lo que se puede y no se puede hacer, de manera que evitemos estos desagradables malentendidos en otras ocasiones.
No sé, podemos informar de que está mal visto colgar a los homosexuales de gruas como escarmiento público. O que no solemos comprender la bella costumbre de algunas culturas de amputar los labios vaginales a las niñas para que de adultas no sientan placer sexual.
O tal vez que no está bien visto que los soldados musulmanes del Ejército Español se nieguen a combatir contra otros musulmanes. O que a algunos europeos, fascistas xenófobos por supuesto, les inquiete que cientos de pacíficos musulmanes se manifiesten y profieran amenazas contra el mismo sistema que les da de comer, les subvenciona y les da una sanidad gratuita, y contra la misma libertad de expresión y de culto que les permite a ellos abrir sus mezquitas en nuestras ciudades e incluso exigir que los viernes no pasen frente a ellas mujeres en vaqueros, sin que la policía haga una redada, encarcele o torture a quienes realizan estas declaraciones.
So pena de ser políticamente incorrecto, creo que deberíamos empezar a hablar de por qué muchos españoles perciben como una amenaza a los musulmanes militantes, o a aquellos que visten con chilaba y barba de 20 centímetros. Otros se la cogerán con papel de fumar y dirán que la sociedad española es racista y xenófoba, que no respeta las tradiciones foráneas y que deberíamos ser más relativistas: nuestra cultura no es mejor que la suya.
Bien, pues la razón principal de esta desconfianza hacia el musulmán que vive en España es la idea que parecen tener muchos musulmanes de que no son ellos los que deben adaptarse a nuestra cultura, sino nuestra cultura la que debe adaptarse a ellos. Como digo, a estas alturas de la película, después de una invasión musulmana, una reconquista, guerras de religión, monarquías absolutistas, revoluciones liberales, guerra civil, fusilamientos de curas y un franquismo de sotana, creo que hemos conseguido liberarnos del yugo y del control social y de las costumbres que ha ejercido durante siglos la Iglesia católica.
Como para que ahora, en nombre del multiculturalismo y el relativismo, y porque se supone que ser de izquierdas es dejar que te la metan doblada, nos bajemos los pantalones ante una religión y una cultura cuyas formas sociales y tradiciones son propias de la Edad Media, y que encima tiene entre sus fundamentos el extenderse por el mundo a cualquier precio. No me digan que no es para dormir con un ojo abierto, en lugar de querer aparentar que lo más moderno e izquierdista es hacer como que no pasa nada.
En fin, ésto es España.





